2.23.2010

Salúuuuu, menos plática y más glu, glu, glu…

Con este grito vikingo arrancó el festejo cumpleañero de mi único amigo al que se le ocurriría cumplir años del día de san Valentín y entre parejas melosas y corazones, todos los solteros abordamos una mesa y empinamos unas cuantas cervezas victoriosas.

A decir verdad, las últimas fueron las victoriosas, las primeras, tal vez, algo pretenciosas.

Aconteció en el nuevo y agradable bar, British Porter Pub, especializado en cervezas y whiskys, donde la carta invita a probar al menos uno de cada país enlistado, pero la billetera obliga a terminar brindando con Victorias.

Afortunadamente la cerveza europea embriaga más rápido.

Ahí pudimos constatar de primera fuente el poder que conllevan la juventud y las faldas escocesas en combinación. Pueden hacer, entre otras cosas, que una persona que se jacta de total sobriedad (en el actuar y vestir, digamos, que ya el estado etílico es otra cosa) se beba de un sorbo un caballito azul de sospechoso contenido y baile al ritmo de los Cadillacs y esas cosas. Eso sí, acompañado de dos meseritas, que, esperando una jugosa propina que no llegaría, se aprovecharon de la embriagante felicidad que despedía nuestra mesa de solteros para pasar a brindar una y otra vez con nuestras propias cervezas. Es decir, brindaban con ellas antes de entregarlas, ni siquiera estaban bebiendo en realidad. Supongo que no creen en la mala suerte.

El ambiente noventero nos hizo olvidar casi por completo el día que no celebrábamos pero que se celebraba a nuestra costa, pero la cuenta rompió el hechizo. No sólo por su cantidad casi exorbitante de números, sino más bien por las paletitas de corazón que la acompañaban, que ya a estas alturas, se aceptaron con gusto. Con deleite particular del cumpleañero, que incluso días más tarde me reclamó que me hubiese llevado la suya, tal vez el regalo de cumpleaños más entrañable que haya recibido este año, por venir de parte de las faldas escocesas.

Más allá del bar, el after, y aunque la charla y la compañía fueron amenas –a los ya presentes se agregó un perrito comechurros- no se pudo recrear el ambiente eufórico y alegre del Pub. Claro, sin faldas escocesas, la charla se vuelve seria y el baile se agota.

Ya entre cervezas y frituras vienen las confesiones, las confusiones y las sorpresas y resulta que el amigo menos pensado es seguidor asiduo de kronikasnokturnas.blogspot y una vez más pienso que lo que menos pensamos al ponerle al bló “Sólo para mujeres” es que lo acabarían leyendo casi puros hombres…pero en secreto.

El alcohol no se había agotado aún cuando me descubrí a mí misma dormitando en un sillón y con la vista de todos posada en mí. Entonces comprendí que sería un bueno momento para emigrar. Me embarqué en mi autito con el horizonte iluminándose, cosa que noté apenas porque me concentraba en manejar sin zigzaguear (porque el lema es: nunca maneje como camina) y sin quedar dormida.

3 objeciones:

Anónimo dijo...

Como acotación, me gustó más la Moleskine. Y llegó justo cuando acababa de terminarme la otra ;)

Saludotes...

Beatriz dijo...

Sí claro, esas meseritas tan oportunas...

Anónimo dijo...

Regálame una Moleskine o usa falda a cuadros y verás cómo sí te hablo amablemente...