Esta vez La-que-sabía (ver post anterior) se tornó en la que no-sabía-nada, la-que-no-sabía-nada, o sea yo, pasé a ser la-que-sabía-un-poco, que en este casó pasó a ser la-que-sabía y es que en ahora cambiamos los pasos de banda por los de salsa y esto cambió los ambientes y los horizontes de experiencia. Ya pasaré a ser yo la-que-sabe cuando visitemos el Open.
Pero para cuando girábamos en la pista (porque la salsa también secompone de giros, pero my diwtintos qa los de la banda estilizados, sexys, bonitos) yo ya me encontraba en el after del after del after.
Antes de continuar creo necesario establecer, para los que no saben, una definición del AFTER: sing. sust. del adverbio Inglés after: “después”. Dícese de la fiesta después de la fiesta, que a veces consiste en otra fiesta y en otros casos en una acumulación de borrachos que quieren seguir laq fiesta cuando todo ha cerrado ya. Los lugares tradicionales para afterear en Morelia son doña Herme y la Burbuja, pero tranquilamente se puede afterear en una casa o en cualquier lado, dependiendo de la hora.
La fiesta comenzó el viernes, con la Progress Summer Party, que se realizó no sin gran cantidad de contratiempos. Para empezar, el lugar del evento fue clausurado porque el Ayuntamiento decidió que, a falta de mil pesos en sus bolsillos, el lugar era insalubre o tal vez simplemente sin permiso para este tipo de eventos (aunque no es el primero que realizan). Todo esto a la hora que iba a empezar la fiesta. La gente se aglutinaba en la plaza de enfrente, consternada, el DJ esperaba en la central, las chelas se enfriaban, los dueños del local sólo miraban, a prudente distancia... puro estrés y anda de acuerdos. El lugar se clausuró.
Afortunadamente había un Plan B y el lugar del After también estaba preparado, así que el After se convirtó en la fiesta y ese fue el After Nº 1.
La música, la deco, el ambiente, después de todo funcionaron bien. El lugar se llenó, la musica sonó y sonó y sonó y todos fueron felices durante cerca de diez horas…hasta que se acabó la energía (la del sonido, porque la de los invitados difícilmente se agotaria).
El After Nº2 se dio ahí mismo, en el terreno, pero totalmente VIP y silencioso. En vez de bailar limpiábamos, desarmábamos, doblábamos, cargábamos…todo esto con una sola mano porque la otra sostenía invariablemente una cerveza helada o en su defeto un cigarrillo.
Después de una ardua labor y al percatarnos de que llevábamos al menos doce horas sin comer, el after obligado era en algún sitio donde se pudiera ingerir alimento. Ese fue el Nº3.
Ya con algo en el estómago se podría seguir bebiendo cerveza sin problema. El destino quiso que abandonáramos el lugar de prisa, ya que de un calor abrasador pasamos a una lluvia torrencial en cuestión de segundos. Los cuatro o cinco pasos que nos separaban de mi auto se volvieron inabarcables debido a que se formó un río entre él y nosotros. Fue necesario esperar un poco para luego correr a refugiarnos en mi casa. Este sería el After Nº 4, que se convirtió en una especie de Lounge donde nos turnábamos para dormir una minisiesta.
De repente pensamos que sería un buen momento de terminar la fiesta pero los amigos no se iban, así que mejor prometimos unas micheladas de despedida. Ese fue el Quinto After. Ahí retomamos la vieja costumbre peruana de la FUGA (que viene del clásico taxifuga: sust. dícese de cuando dos o tres sujetos se bajan del taxi y corren al grito de “fuga, fuga” para evitar el pago innecesario del servicio. Con el tiempo derivaría en distintos tipos de fuga, dependiendo del cobro del que se quisiera huir). En esta ocasión se trató de una nueva variante: la micheladafuga, y no fue necesario salir en estampida, sino simplemente levantarse y partir.
Casi llegué a pensar que por fin sería libre (seríamos libres), pero antes de arrancar llegaron los amigos y se subieron al carro. Habíamos dicho que ya cada quién a su casa, pero uno de ellos nos instó a que visitáramos el Pecatto donde lo esperaban dos amigas (imaginarias, agregamos, porque llevaba todo el día asegurando que sus amigas nos alcanzarían en el after). Dado su grado de desesperación por el contacto femenino (que se había acrecentado proporcionalmente con el grado etílico), no pude decirle que no al amigo del amigo y lo acompañamos con sus amigas, que resultaron no ser imaginarias después de todo (ni atractivas, pero este factor entra en la ecuación con la desesperación y el grado etílico. Yo en su lugar, había preferido que fueran imaginarias), eran simpáticas al menos, que para mí bastaba. Así llegamos al Sexto After.
Y con el sexto after un nuevo intento de deshacernos de los amigos. Les dijimos: “bueno, buenas noches, tengo (tenemos) cosas qué hacer en mi casa. Los alcanzamos más tarde en Foro o en donde le quieran seguir” y partimos a toda prisa al estacionamiento, pero al abrir las puertas del carro ya se habían reintegrado con el pretexto de que las amigas sólo tenían permiso hasta las 10 y ellos querían seguir la fiesta hasta el infinito. Changos.
En mi casa se llevó a cabo un miniséptimo after, con chela y vodka. Ahí aparecieron mis amigas, par contento del amigo. Ellas me invitaban a bailar banda. Traté de convencer a los borrachines de que eso sería - por mucho- más divertido que el foro, donde además los sábados tocan reggae. El del grado etílico me apoyó y anunció que se adaptaría al son que le tocaran mientras las amigas nos acompañaran, pero los otros dos eran más difíciles de convencer.
Mis amigas sugirieron que los dejara ir al Foro y me fuera con ellas a bailar y al Open, lo que sonaba altamente tentador, pero quise actuar de mediadora y finalmente acordamos un terreno neutral: la salsa.
La salsa resltó no ser taaan neutral porque nos encontramos con Donovan, pero sí es el baile más sexy y más divertido, me parece, para bailar con pareja. Bueno, digamos que el reggaetón puede ser más sexy, pero no se ve tan bonito, para mí fe el After Perfecto: el octavo.
Nuevamente quisimos escaparnos de los amigos esta vez y un buen pretexto sería dejarlos con mis amigas, pero ellas reaccionaron aterrorizadas y cuando llegamos al auto ¡sorpresa! seguían detrás de nosotros. Uno pidió que lo dejáramos en su casa, agotado, seguramente y tal vez un poquito frustrado (ya que regresaba como llegó: solo) y el otro convocaba a un noveno after, en el foro, porque Fulanito-el-de-la-puerta cumplía años (pretextos para fiesta no faltan). A mi la celebración me pareció por demás irrelevante y lo único que me interesaba era mi cama, asi que lo dejamos en el Acueducto, bajo la lluvia, a altas horas de la noche, seguramente sin dinero, bastante ebrio, aunque no se le notaba pero ni qu fuera de palo, pero sumamente agradecido por los ocho afeter anteriores y rumbo al noveno.
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